sábado, 4 de agosto de 2007

el peso de una manzana




un niño pone unas manzanas en la báscula. ve el peso de las manzanas. se sorprende, se asombra. ríe.

¿en qué momento dejé de gozar el peso?

¿en qué momento me detuve a contemplar, como única ruta en la vida, la levedad en el sentido de comodidad?

¿qué peso es perjudicial?

¿pero acaso no son las denominaciones de benéfico y maléfico en el peso subjetivas y por lo tanto, sujetas a una relatividad que debemos gozar?

¿acaso lo anterior sucede en las denominaciones de levedad y peso, es decir, tan pesada puede ser la aguja como tan leve puede ser la jornada laboral sobre mi espalda?

¿en qué momento empecé a ser adolescente, luego adulto, y a poner en cada báscula de supermercado preguntas ociosas como éstas?

¿en qué momento dejé de gozar con peso?

2 comentarios:

Diario de lectura inversa dijo...

dejar de gozar


es como automutilarse.




ojalá las cosas
vuelvan a hundirte



y re-nacerte






*



deverassí

Anartista dijo...

reirse a carcajadas la propia anatomía con todo el peso
a la hora del pescuezo.

arañarse la levedad
re podrida del gusano en la almohada.

los sueños pesan una tonelada y media zapatilla rota de tanta sangre en el pasto cayendo a litros de gritos descosiendo miradas-

cuarenta y siete kilos me llevó pesar en veinticinco años de risas mezcladas entre lágrimas.

y bienvenido el gramo que se atreva a llegar.
!!